Parábolas para aquellos que no viven lo que oran

Autor: León Felipe, Antología rota

    

Había un hombre que tenía
una gran doctrina
que llevaba en el pecho.
Una doctrina escrita
que guardaba
en el bolsillo del chaleco.
La doctrina creció
y tuvo que meterla
en un arca de cedro.
En un arca
como la del Viejo Testamento.
Y el arca creció
y tuvo que llevarla
a una casa muy grande:
entonces nació el templo.
Y el templo creció
y se comió al arca de cedro,
al hombre
y a la doctrina escrita
que guardaba en el
bolsillo interno del chaleco.
Luego,
vino otro hombre que dijo:
el que tenga doctrina,
que se la coma
antes que se la coma el templo;
que la vierta,
que la disuelva en su sangre,
que la haga carne de su cuerpo...
Y que su cuerpo sea
bolsillo, arca y templo.