Parábola

Las bodas reales Lc 14,15-24; Mt 22,1-10

Autor: Arquidiócesis de Madrid

Parábola evangélica traída al siglo XXI

 

  

Un rey, casi desconocido, celebraba la boda de su hijo y dio un gran banquete. Cuando todo estuvo listo y dispuesto, envió a un criado a decir a los invitados: “Venid, que ya está todo preparado”. Pero todos, uno tras otro, comenzaron a excusarse. El primero le dijo: “¡Pero cómo voy a ir, si yo ya pertenezco a la ‘Congregación de Nuestro Señor Resucitado y Ascendido a los Cielos’! ¿No comprende tu señor que no puedo dejar el Reino a su suerte?” Otro dijo: “Yo, que soy de la ‘Parroquia de María, Estrella de los Medios de Comunicación Social’, tengo una labor insustituible y no puedo ir. Te ruego que hagas que tu señor lo comprenda.” Un tercero respondió: “¡Me dices a mí, que soy de la ‘Santísima Obra del Señor Bendito’! Yo ya disfruto de todo. ¡Menos fiesta y más obligación!” Otro le dijo: “¡Pero no sabe tu señor que soy miembro de la ‘Asociación Salvadores de la Humanidad gracias a Jesucristo’! ¿Acaso pretende que deje mi vital labor ni por un instante?” Incluso hubo uno que respondió: “¿Pero cómo se te ocurre decírmelo a mí? ¿No sabes que soy ‘Pastor Excelso de la Grey Abundantísima’? ¿Cómo voy a ir? 

El criado regresó y refirió lo sucedido a su señor. Entonces el señor se irritó y dijo a su criado: “Sal de prisa a las plazas y calles de la ciudad y trae aquí a los pobres y a los lisiados, a los ciegos y a los cojos, y a todos los de corazón humilde.” El criado dijo: “Señor, se ha hecho como mandaste, y todavía hay sitio.” El señor le dijo entonces: “Sal por los caminos y las veredas y haz entrar a la gente, aunque sea a la fuerza, para que se llene mi casa. Pues os digo que ninguno de aquellos que habían sido invitados probará mi cena.” Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos; y la sala se llenó de invitados. Al entrar el rey para ver a los comensales, observó que uno de ellos no llevaba traje de boda. Le dijo: “Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de boda? ¿Es que no te lo han dado al entrar?” Pero él se quedó callado. Entonces el rey dijo a los servidores: “Atadle de pies y manos y echadle fuera a las tinieblas; allí llorará y le rechinarán los dientes.” Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.