Muerte ejemplar

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Fernando III, el Santo, tuvo una muerte ejemplar, según el relato de Juan de Mariana. Le administró 
la comunión el Arzobispo de Sevilla. 
“Al entrar el Sacramento por la sala se dejó caer en la cama, y puestos los hinojos (las rodillas) 
en tierra, con un dogal al cuello y la cruz delante, como reo pecador pidió perdón de sus pecados 
con palabras de gran humildad; ya que quería rendir el alma, demandó perdón a cuantos allí estaban: 
espectáculo para quebrar los corazones, y con que todos se resolvieron en lágrimas. 
Tomó la candela con ambas manos y, puestos los ojos en el cielo, dijo: ´El reino, Señor, que me 
diste, te lo devuelvo; desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo me ofrezco a la tierra; 
recibe, Señor mío, mi alma; y por los méritos de tu santísima pasión, ten por bien colocarla entre 
tus siervos”.