Olvidar la tentación

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A una venerable y santa anciana se le preguntó qué haría si una fiera tentación se apoderara de 
ella. Prontamente respondió: “Levantaría las manos al Señor y le diría: ‘Señor, tu posesión está en 
peligro. ¡Cuídala! ¡Es urgente!’ Y olvidaría la tentación hasta que llegara otra”.