No sabía cuál era su destino

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Einstein era muy distraído. Un día lo vio muy preocupado el cobrador de un tren, y le preguntó:
–– “Doctor, ¿qué le sucede?”. 
–– “Ah... –respondió el sabio– es que se me perdió el ticket”. 
–– “Por eso no hay que preocuparse, yo no le cobro el pasaje” –le dijo el cobrador. 
–– “Sí –le respondió Einstein–, pero lo grave es que ahora no sé para dónde viajo”.