Los males de un sordo

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Un sordo asiste a un recital de Kreisler en el Carnegie may, y sucede que ese sordo es un hombre muy tonto. Se sienta en medio de la platea y, por supuesto, no escucha un solo sonido.
Como eso le molesta, cambia su entrada por una butaca en el primer palco. Allí, naturalmente, no le va mejor y, creyendo tontamente que la acústica del lugar es defectuosa, se traslada una vez más, hacia el palco superior. Sigue sin escuchar nada; así que de nuevo baja las escaleras y esta vez escoge un asiento justo frente a la orquesta, a unas pocas yardas del violinista.
Claro que en ese puesto no tiene mejor suerte, así que se marcha ofendido del teatro, y declara que, evidentemente, Kreisler es incapaz de tocar, y que el local está mal diseñado para escuchar música.