En la guerra no hay ateos

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Durante un terrible bombardeo, un soldado se encontró con un sargento en una trinchera. Los dos 
rezaban en voz alta. Cuando terminó el ataque, le dijo el soldado: 
–– “Sargento, me di cuenta de que estaba usted rezando”.
–– “Señor –le dijo sin pestañear–, ¡en las trincheras no hay ateos!”.