Parábola

La Flor

Autor: Alvaro Ginel

 

  

Querida Flor:

 Te quiero contar unas cuantas cosas. Me encuentro aquí contigo, en esta preciosa isla de Tenerife. Te miré y te encontré, vamos, nos encontramos esta mañana. Te elegí para iniciar el cursillo. Gracias por acompañarme y por estar aquí, hablando a tantos catequistas... Te los presento: No les conozco de nada... Bueno, a lo mejor de vista, de un cursillo que ya estuve aquí y en La Palma... Pero hace tiempo. Yo conozco a muchos ‘de vista’ por eso tengo que decir que no les conozco. ¿Sabes? Me duele, pero es así.

 Sí que te puedo decir que vienen a un cursillo sobre Dinámicas en la Catequesis. Tengo miedo que alguno se crea que las dinámicas les pueden salvar y sacar las castañas del fuego. Y quiero decírselo hoy contigo... Contigo, una flor sencilla, bonita, normal... Estabas aquí, colocada de manera especial, solitaria, rara, pero no te han descubierto como especial, rara. A lo mejor han pensado: ¡Una flor! ¡Quién la habrá colocado así!  Pero, bah, no pasa de ahí... ¡Hay cosas y adornos tan raros hoy...! Tu estabas aquí, entre nosotros. Tiene que ser triste estar en un sitio, eso, estar, existir, y que nadie se fije en ti ni te diga nada. Sencillamente ‘pasen’, ‘como si nada’. ¡Con los ‘cabreos’ -esta palabra está en el diccionario y alguna vez se puede utilizar porque es muy expresiva...-  que nos pillamos cada vez que ‘pasan de nosotros’...!  Oye, flor, digo, oye, Jesús de Nazaret, ¿qué te pasa cuando pasamos tanto de ti y no reconocemos que estás y nos estás gritando y esperando....?

 Claro, a lo mejor venían con los ojos abiertos a ver cosas grandes, y el Reino está siempre escondido, pequeño, presente y visible para los que tienen ojos limpios y corazón tocado por Dios. El Reino, díselo tú, amiga flor, nunca es espectáculo ni escaparate... Si las cosas que hacemos no las hacemos para que los ojos de los otros y su corazón... y todo su ser se estremezcan porque han descubierto algo nuevo, no valen para nada. El Reino de Jesús es así.
 Nada de lo que hagamos aquí estos días es para que nos salgan bien las cosas, para que me salga bien la catequesis, para que no se me aburran, para que digan que lo hago muy bien... Si hacemos algo es para que alguien se deje sorprender por la visita de Dios que está antes que nosotros. Como tú, flor, que nos estabas esperando, pero esperábamos cosas más deslumbrantes, como los de Emaús...

 Bueno, flor, gracias por acompañarme, por estar aquí, por ayudarme. Hay cosas que sólo podéis decir las flores... Hoy lo has hecho muy bien. Tú has puesto tu hermosura, yo mi palabra; ellos los oídos y los ojos y el corazón... Pues no falta nada. Sí, callarnos y dejar la semilla en la tierra.

 El que tenga oídos que oiga y el que tenga ojos que aprenda a descubrir el signo del reino aquí, estos días, y en la vida, cada minuto del día...
 Gracias.