Parábola

Capaces de maravillarse

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Pronzato dice que en los nacimientos de tradición provenzal, hay un personaje típico: el “Ravi”, o sea, el extasiado, el embelesado, el encantado.  El que no tiene nada que llevar, pero acarrea lo más importante: el asombro.  Cuando llega, un poco cansado, a visitar al niño apenas nacido, con las manos vacías, tiene que aguantar los reproches de todos.  Su presencia molesta. 

 

            Así cuenta la narración popular: “Y el Encantado alzaba los brazos hacia lo alto diciendo:

            -Dios mío, qué  hermoso es ver que un hombre que era holgazán y a quien le han entrado ganas de trabajar…

            -Tú, Ravi, empiezas a fastidiarme, refunfuña alguno.

            –Si te molesto, te pido perdón. 

            –Precisamente, tú que hablas de trabajo, no has hecho nunca nada en la vida. 

            –He mirado a los demás y les he animado.  Les he dicho que eran hermosos  y que hacían cosas muy bellas. 

            –No te has cansado mucho…¡ Y ni siquiera has traído un regalo! 

            Pero la Virgen María le dijo: -No hagas caso, Encantado.  Tú has salido puesto en la tierra para maravillarte.  Has cumplido tu misión, Embelesado, y tendrás una recompensa.  El mundo será maravilloso mientras existan personas como tú, capaces de maravillarse…”